Además de las instalaciones militares, las FFAA establecieron campamentos base dentro de comunidades con apenas cientos o si acaso miles de habitantes. Dichos campamentos se instalan mediante carpas, remolques o pequeñas edificaciones –en las que se restringe el paso con alambrado, lonas negras, personal militar o letreros– pero también a través de la ocupación y apropiación de los espacios públicos como plazas, canchas y mercados.
En estos casos, las FFAA no sólo habitan y transitan en la localidad sino que la ocupan y permanecen en ella –uniformados y armados– alterando toda la dinámica individual, familiar y comunitaria y transgrediendo la cotidianeidad. Los campamentos base tampoco aparecen en registros administrativos públicos.
“Están [los militares] en el súper, en la gasolinera, en la salida, en el parque, en el museo, en el mercado también están. La verdad están mucho en el centro. Y es algo que a mi me saca mucho porque entran con sus armas, de verdad están adentro armados”. (Mujeres, Felipe Carrillo Puerto)
Destacan los casos de Conhuas y Becán, en Calakmul, donde hay nuevas oficinas, campamentos base, edificaciones y estacionamientos de vehículos militares y, pese a ello, ahora también hay militares asentados en la cancha pública con vehículos, armas y tiendas de campaña.
Además, la irrupción militar modificó la presencia y la actuación de militares en puntos donde ya estaban, como los “puestos de control militar”. Por ejemplo, a la entrada del Ejido 20 de noviembre en Calakmul, Campeche, normalmente había un par de soldados sin armas largas y con trato afable. Durante la irrupción militar, el puesto cambió en el número de elementos, las corporaciones a las que pertenecen, la portación de armas largas, las revisiones a vehículos particulares y de carga, las preguntas que hacen a quienes conducen, la conducta de los elementos y la instalación de otro campamento a unos metros de ese puesto.